19/04/2026 Página 12 - Nota - Justicia - Pag. 19

Vivir pedaleando en una bicicleta de delivery
Dolores Curia

Por Dolores Curia
Cristian espera sentado sobre un cantero con el casco colgando. Es un miércoles a las 21 sobre la Avenida Goyena, en Caballito, una zona de restaurantes. Hay más parejas paseando a erro que en las mesas de los bares. Cristian no levanta la cabeza de la pantalla del celular, su bicicleta y la caja de PedidosYa sobre la vereda. Da esta entrevista a "modo PedidosYa", Cristian va a estar de principio a fin pendiente de que "no entre un viaje "porque las noches vienen flojas". Tiene 28 años. De día trabaja en una carnicería en Almagro. Algunas mañanas cursa Enfermería. Y desde el año 2023 sale con la bicicleta a hacer repartos en lo que llama "la franja de oro, que es entre las 19 y las 21, cuando la mayoría de la gente pide delivery".
En un fallo de esta semana, la Corte Suprema de Justicia bonaerense ratificó que los repartidores de las marcas Rappi y RepartosYa operan bajo relación de dependencia, desestimando así la figura del "colaborador independiente" o "socio" que las empresas han intentado sostener desde su llegada al país, durante el macrismo. Es un golpe contra el modelo de negocios de este tipo de empresas.
"Yo a esto lo tomo como un segundo trabajo. Así que eso de la Corte no sé si es bueno o malo. No sé si me importa tampoco. Igual es provincia de Buenos Aires. Ahí es diferente. Hay accidentes. Hay más robos. Dicen que estás un segundo esperando que el cliente baje y ya te robaron. Me da pena por los pibes que tienen que trabajar en el conurbano. Acá es más seguro. De allá son mis papás", dice Fabián, de 25 años, trabajador de Rappi de noche, estudiante de Educación Física de día. Fabián completa lo que gana como repartidor con lo que obtiene de un alquiler de unos locales en Moreno, de donde es su familia.
El factor "tracción a sangre" hace de las empresas de delivery.
El modelo laboral de las plataformas de envíos está en crisis.
Vivir pedaleando en una bicicleta de delivery.
La Justicia bonaerense ratificó que los repartidores de Rappi y PedidosYa están en relación de dependencia. Los trabajadores hablan de sus días marcados por la precariedad.
La Justicia los reconoció como trabajadores en relación de dependencia.
Hoy las más salvajes del capitalismo de plataformas. Un trabajo en el que se pone la vida en juego de manera literal, pedaleando muchas veces sin casco, por la ciudad, sin obra social, sin ART, ni vacaciones, ni seguro, ni derechos de ningún tipo. No hay opción de tomar el camino más seguro porque la carrera del rappitendero es contra el tiempo.
Para las empresas, los rappitenderos no son trabajadores formales sino "microempresarios porque disponen de su tiempo". Son llamados, también, socios. Pero la definición de socio implica estar en igualdad de condiciones para cualquier negociación y participar de los riesgos y las ganancias.
¿Rinde trabajar de repartidor? "Por ahora sí", asegura Cristian. "Pero más adelante capaz que tenga que buscar otra cosa. Me gusta que me permita tener mis horarios. Trabajo cuando yo quiero. Si un día me siento mal o quiero hacer otra cosa, no trabajo. No tengo que estar negociando con un jefe".
Candela es repartidora eventual de PedidosYa. Durante el día es diseñadora gráfica. Explica que la tarifa va variando y también según el momento de la semana: "De lunes a jueves es una. Y de viernes a domingo otra. Es oferta y demanda. Pero también depende del rango que vos tengas. Apenas empezás sos categoría bronce. Es el peor el bronce porque capaz que estás ocho horas y te caen dos pedidos. Tenés que ir avanzando de a poco. De ahí pasás a plata. Finalmente cuando llegás a diamante ya es más fácil que te caigan más pedidos. De cualquier modo no te van a caer por día más de 20 pedidos. También dependés de cuánto te colaboren con las propinas. Eso hace diferencia. Por día suelo ganar 20 mil pesos. Pero varía mucho. Yo no hago más de cinco horas. Conozco gente que lo tiene como único empleo y está en la bici 9 horas, ellos sí ganan más".
El factor "tracción a sangre" es el que hace hoy de las empresas de delivery las más salvajes del capitalismo de plataformas.
¿Qué pasa frente a un accidente o el robo de la bicicleta o el celular? "Para eso deberías haber ahorrado. Tener una plata guardada. Si no, es el fin. Yo tuve un accidente en la zona de Plaza Irlanda, en una bicisenda donde no hay luces".
—Me atropelló otro Rappi, ¿podés creer? Me abrí la cabeza. Entregué el pedido con sangre en la cara y la chica que lo recibió me pidió un Uber hasta el Hospital Durand y ahí me cosieron.
—¿La empresa se hizo cargo de algún modo de tu accidente?
—Obvio que no. Si no tengo ni ART... Por eso fui al Durand.
La Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires determinó que los repartidores de Rappi y PedidosYa mantienen una relación de dependencia y no son "colaboradores independientes", como sostienen las empresas. La decisión valida multas aplicadas por el Ministerio de Trabajo tras inspecciones realizadas entre 2021 y 2022, en las que detectaron irregularidades como falta de registración, incumplimiento del salario mínimo.
Fija un criterio clave: en materia laboral, lo determinante no es cómo se nombra el vínculo, sino cómo funciona en la práctica.
Esto choca con el relato empresarial. La idea de autonomía fue, durante años, uno de los pilares del modelo de plataformas.
Sin embargo, el fallo judicial pone en cuestión eso y abre una pregunta: ¿hasta qué punto los propios trabajadores se perciben como independientes?
Para el abogado laboralista Juan Ottaviano, la respuesta viene cambiando. "La clasificación como cuentapropistas es un 'como si fueran', porque objetivamente trabajan para las plataformas". Los repartidores se reconocen cada vez más como trabajadores en relación de dependencia, aunque valoran una autonomía relativa vinculada a la posibilidad de manejar horarios: "Es lo más atractivo del modelo, pero empezó a erosionarse".
La caída del salario real, el estancamiento de los pagos por pedido y la saturación del mercado de plataformas obligaron a muchos repartidores a trabajar más horas para sostener sus ingresos.
"Esa flexibilidad, que apareció como un beneficio, hoy se reduce en la práctica", señala Ottaviano. En ese contexto, la identidad de "emprendedor independiente" pierde fuerza frente a la experiencia de dependencia económica.
Desde la sociología del trabajo, Eduardo Chávez Molina identifica en el reparto por aplicaciones los elementos clásicos de una relación laboral: subordinación, ajenidad y remuneración. "Aunque el repartidor elige cuándo conectarse, una vez activo el algoritmo controla todo: asigna pedidos, mide tiempos, monitorea por GPS y penaliza desvíos", explica Chávez Molina, responsable de la cátedra en la Université Paris Saclay. El trabajador no participa del negocio en términos reales, no fija precios ni construye clientela. Su ingreso depende directamente de la plataforma.
Chávez Molina, investigador del Instituto Gino Germani (UBA), habla de un proceso más amplio de "datificación del trabajo", donde la actividad laboral se traduce en datos que permiten el monitoreo y control en tiempo real. Este modelo, que comenzó en las plataformas, ya se expande hacia otros sectores y redefine las condiciones de trabajo, reduciendo la autonomía efectiva de los trabajadores.
Fija un criterio clave: en materia laboral, lo determinante no es cómo se nombra el vínculo, sino cómo funciona en la práctica.
En la calle, esas transformaciones se traducen en experiencias concretas. "Si nos accidentamos, nadie se hace cargo. Hay compañeros que mueren trabajando y sus familias no reciben nada", afirma Belén D'Ambrosio, secretaria general del Sindicato de Base de Trabajadores de Reparto por Aplicación (Sitrarepa). Para el gremio, el modelo actual combina precariedad extrema con altos niveles de exposición al riesgo. "Todos los costos recaen en el trabajador: la moto, la bicicleta, el celular, incluso la vida", resume.
En un contexto de aumento del desempleo que alcanzó el 7,5% hacia fines de 2025 y deterioro del empleo formal, las plataformas se consolidaron como una alternativa de rápida salida. La cantidad de repartidores creció con fuerza: solo en Rappi, los activos pasaron de poco más de 31 mil a más de 43 mil en un año.
Ese crecimiento no se tradujo en mejores condiciones. Según estimaciones sindicales, los ingresos mensuales quedan muy por debajo de la canasta básica.
En este escenario, el fallo de la Corte bonaerense es leído como una buena noticia, pero no como una solución definitiva. "Es el resultado de una pelea de largo aliento por el reconocimiento laboral", dice D'Ambrosio. Al mismo tiempo, advierte sobre sus límites: las multas impuestas —de alrededor de 16 millones de pesos— son insignificantes para empresas multinacionales y "ni un peso va al bolsillo de los repartidores".
La discusión, además, se cruza con el rumbo de la política laboral a nivel nacional. La reforma impulsada por el gobierno de Javier Milei, bajo el argumento de "modernizar" el empleo, excluyó explícitamente a los trabajadores de plataforma de la Ley de Contrato de Trabajo. En su lugar, los encuadró en el Código Civil y Comercial, consolidando su carácter de prestadores independientes.
Para muchos especialistas, la reforma no solo no mejora las condiciones del sector, sino que institucionaliza la precariedad. Incluso el único "derecho" reconocido —rechazar pedidos— carece de efectividad, ya que las plataformas pueden sancionar a quienes lo ejercen mediante mecanismos algorítmicos. "Se crea un marco que legitima prácticas existentes sin garantizar protección real", advierten desde el ámbito laboral.
En países como España, México o Chile, se avanzó en regulaciones que reconocen la laboralidad de los trabajadores de plataformas. La Organización Internacional del Trabajo, por su parte, discute la adopción de un convenio global que incorpore la transparencia algorítmica y la protección de datos. "El mundo va hacia la regulación con derechos; Argentina, en cambio, se mueve en sentido inverso", sostiene Ottaviano.
"Necesitamos el reconocimiento sindical para negociar convenios que contemplen nuestras condiciones específicas", plantea D'Ambrosio. La idea es avanzar hacia un marco que combine derechos tradicionales con nuevas regulaciones "Ni tiempo de descansar el cuerpo ni la cabeza, ni tiempo de pensar en nada. Tan cansado que me es imposible disfrutar de nada".
adaptadas al trabajo mediado por algoritmos.
Entre la promesa de autonomía y la realidad de la subordinación, los repartidores encarnan una de las tensiones que hoy enfrenta el mundo del trabajo.
Los repartidores consultados para esta nota relataron que por día necesitarían hacer 40 pedidos para "que rinda". Pero están lejos de eso. Los que no lo usan como segundo ingreso, viven con sus padres. También hay casos de jóvenes que completan otra changa con el trabajo en plataformas, mientras viven con su familia y también estudian. "Hay días que rinde, hay días que no. Es según las rachas. En los últimos meses no me viene yendo bien. Pero el año pasado tuve momentos que sí. De cualquier manera lo que pasa en mi caso es que salgo de la carnicería y me pongo a hacer esto", relata Cristian.
"Lo hago por las noches y los fines de semana. Hay momentos en los que tenés la sensación de que llegás. De que te podés sostener. Pero no tenés ni tiempo de descansar el cuerpo ni la cabeza, ni tiempo de pensar en nada. Si me junto con alguien, no puedo charlar, estoy detonado. Tan cansado que me es imposible disfrutar de nada".


Menciones: Rappi, PedidosYa, Corte Suprema de Justicia, Ministerio de Trabajo, Juan Ottaviano, Eduardo Chávez Molina, Université Paris Saclay, Instituto Gino Germani, Sitrarepa, Javier Milei, Organización Internacional del Trabajo, España, México, Chile


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