19/04/2026 La Nación - Nota - Información General - Pag. 25

Ya impacta en los estudiantes el conflicto por los fondos universitarios
Evangelina

Las universidades nacionales hicieron un paro “a la japonesa” para visibilizar los reclamos.

Muchos están de acuerdo con el reclamo y con la defensa de la educación pública. Sin embargo, reconocen que, en la práctica, las medidas de fuerza que se impulsan en las universidades públicas nacionales alteran las cursadas y generan un clima de incertidumbre, ya que se acercan los primeros parciales. Algunas materias todavía no dictaron clases presenciales: solo se enviaron materiales para lectura.

El desconcierto entre los estudiantes es generalizado. Para muchos, aun teniendo una fecha de parcial, saber si las aulas van a estar abiertas al día siguiente es una incógnita.

Juan Ignacio Fernández, estudiante de Medicina en la Universidad de Buenos Aires (UBA), es de Corrientes. Vino a rendir parciales de materias del Ciclo Básico Común (CBC) que cursó a distancia y tendrá que quedarse un mes, ya que las fechas se pasaron por el paro.

Soledad V., alumna de Ingeniería Ambiental de la Universidad de San Martín (Unsam), cuenta, bastante ofuscada, que entre los paros docentes, los no docentes y los feriados, a pesar de haber empezado a cursar a principios de marzo, apenas tuvo diez días de clases. Sofía, en quinto año de Arquitectura en la Universidad de La Plata (UNLP), relata que en lo que va del año perdió varias semanas enteras.

En algunas oportunidades, al llegar a la facultad, se encontró con las aulas cerradas. Aunque los docentes querían dar clases, la medida de fuerza de los no docentes lo impedía. Otras veces, no había tizas. O había carteles en el hall principal que advertían que no habría papel higiénico en los baños como parte del reclamo. En otras universidades, por situaciones de este tipo, hay docentes que dictan su clase, pero los estudiantes no los escuchan porque no tienen micrófono: los sonidistas adhirieron al paro.

Cecilia, de 18 años, cursa el CBC de Comunicación Social, pero hasta ahora, de Semiología no tuvo ninguna clase y no sabe qué va a ocurrir para el parcial. Tomás Reyes, que estudia en la UNLP y es deportista de la facultad, va a representarla en los próximos Juegos Panamericanos, en Lima. Pero hay veces que por el paro no puede entrenar porque el campo deportivo está cerrado, o no puede concurrir a almorzar en el comedor —es de otra provincia— ni ir a estudiar a la biblioteca. “Cuando no sos de acá, se te cierran muchas puertas con paro”, dice.

Estas son algunas de las situaciones cotidianas de los estudiantes, en medio de las medidas de fuerza en el mundo de estudios superiores, para reclamar que el Gobierno aplique la Ley de Financiamiento Universitario.

Después de la semana de paro que marcó el inicio del cuatrimestre a mediados de marzo, los gremios universitarios comenzaron a delinear medidas de fuerza. Cada uno avanzó con estrategias propias y el panorama de clases fue heterogéneo. Pero volvieron a coincidir el 31 de marzo en una jornada que incluyó clases públicas frente a la Casa Rosada.

La Federación Nacional de Docentes Universitarios (Conadu) convocó a una semana completa de paro entre el 30 de marzo y el 3 de abril y a otra del 27 de abril al 1.º de mayo. La Confederación de Trabajadores de la Educación (Ctera) sumó una jornada de protesta el 1.º de abril. El sector no docente, nucleado en la Federación Argentina del Trabajador de las Universidades Nacionales (Fatun), resolvió un esquema escalonado con un día de paro por semana el 8, 17 y 23 de abril. La última semana, con la consigna “La universidad no se apaga”, las casas de estudios nacionales estuvieron abiertas durante 24 horas con actividades académicas, culturales y científicas. Ya prevén la cuarta marcha federal. “Si no aparecen respuestas, volveremos a convocar a la sociedad argentina para manifestarnos la primera quincena de mayo en todo el país en defensa de la educación, la universidad pública y la ciencia nacional”, dijeron los rectores en el último comunicado del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN).

Aunque una mayoría de estudiantes apoya el reclamo, en la práctica muchos se sienten desorientados y preocupados por cómo los va a afectar en los próximos meses. “Antes de ir a una clase, en todos los grupos aparece la pregunta: ¿Saben si hoy hay clases? Nunca sabés”, cuenta una estudiante.

LA NACION entrevistó a más de 20 estudiantes de distintas universidades del país que narraron cómo viven las medidas de fuerza.

“De Semiología no tuve ninguna clase. Nos mandan drives y cosas para ver. Dentro de poco tenemos el primer parcial, pero no se sabe si se va a mover la fecha o qué va a pasar”, dice Cecilia, de 18 años, que estudia Comunicación Social en la UBA y cursa el CBC en la sede Avellaneda. Su amiga, Morena Oliveira, que hace el CBC para Arquitectura, aporta: “En las clases los docentes nos hablan del conflicto. El otro día, un profesor nos mostró su recibo de sueldo. Es una miseria”.

María F. tiene 18 años y estudia en la Universidad Nacional de las Artes (UNA). “Estamos teniendo un paro programado no docente todas las semanas. A pesar de esto, los profesores hacen el esfuerzo de seguir con el cronograma y usan plataformas virtuales para dar clase. O, cuando hay paro docente, algunas cátedras deciden no adherirse por completo y dan clases más cortas para avanzar. En una de mis materias, por ejemplo, ya nos avisaron que no vamos a realizar todas las actividades previstas. Vamos a terminar haciendo menos trabajos, por la falta de tiempo”, contó.

Florencia, su hermana, cursa tercer año de Derecho en la UBA. Allí, el panorama es distinto. La situación varía según la universidad y la facultad: “Mi facultad es más rígida con el tema paros. La mayoría son paros no docentes; ahí se cierra la facultad y no se puede ingresar. Me tocaron cátedras a las que los docentes no se adhieren, en general. En este año solo tuve un paro. Y considero que es por una causa justa”.

Soledad V. tiene 19 años y es estudiante de Ingeniería Ambiental en la Unsam. Cursa el Ciclo de Preparación Universitaria (CPU). “Curso tres días a la semana, un día por materia, lo que ya de por sí es poco. Con los paros no estoy yendo prácticamente nada a la facultad. Tiene una dinámica híbrida, o sea, es mitad virtual y mitad presencial, pero clases virtuales no tengo. Además, están los paros no docentes, cuando directamente la facultad no abre. Entonces, por más que los docentes quieran dar clases, no se puede. Así que, hasta ahora, habré ido diez veces como mucho a la facultad en lo que va del cuatrimestre, y yo empecé el 9 de marzo”, cuenta Soledad. Si se suspenden las clases, les avisan por el campus virtual. Igual, siempre antes de salir hay que chequear que no hay paro. “Los materiales de las clases nos los pasan y hay que leer antes de la clase para poder debatir, pero al no tener clase, esta instancia de interactuar con el docente se pierde. Se acumula mucho material”, dice.

Desde Corrientes

“A mí me parece que los paros están afectando demasiado. Soy de Corrientes y estoy haciendo el CBC para Medicina a distancia, por UBA XXI. Estos paros me perjudican. Vine a Buenos Aires por dos semanas, en las que iba a rendir Introducción al Pensamiento Científico y Sociedad y Estado. Y como la fecha era el 24 de abril, que hay paro, se pasó y, en lugar de quedarme unos días, me tengo que quedar un mes. Estoy parando en la casa de una tía, pero no era la idea. Incluso hoy (por el viernes último), que tenía que venir a rendir, en los grupos de WhatsApp se decía que no se iba a tomar, por el paro. Pero al final no pasó. Es complicado”, cuenta Juan Ignacio Fernández, de 18 años.

“Estamos teniendo muy pocas clases”, dice Sofía R., que cursa el quinto año de Arquitectura en la UNLP. “En las cátedras en las que estoy no se adhieren a los paros, pero por ahí llegamos a cursar y no hay clases porque no nos abren las aulas o no hay tizas. Papel higiénico no tenemos. Hay un cartel, ni bien entramos a la facultad, que dice que no hay papel en ningún baño. Esto es por los paros no docentes”, explica. Desde que empezaron las clases, el dictado fue intermitente: “Es mi cuarta semana. La primera directamente no hubo clases. La segunda, en vez de cursar cinco días, debo haber ido dos veces, de las cuales en una llegué a la facultad y no había aulas; no fuimos. Y después, estas últimas dos semanas, sí tuve clases, pero por ahí dan los teóricos sin micrófonos porque las personas que se encargan de eso están de paro”.

“Si bien los días de paro pueden ser incómodos para la cursada, los reclamos me parecen dignos y relevantes.” Manuela Ruiz Ghigliani (Artes Audiovisuales, UNA)

“Hemos perdido clases. Los exámenes se tomaron. ¿Molesta? Sí. Pero también es entendible la protesta.” Héctor Ferreyra (Derecho, UNC)

“La crisis que vive la universidad afecta no solo al mundo académico, sino a toda la sociedad.” Sofía García (Humanidades, UNL)

Melina R., la hermana de Sofía, está en quinto año de Psicología, también en la UNLP. “Esta semana que pasó cursé completa, y la anterior, la mitad. Tuve que haber arrancado hace como dos semanas. Mi facultad está muy politizada, pero dicen que esto es algo histórico que nunca pasó: estamos cursando poco y nada. Ya no es un día de paro o dos; son semanas enteras sin clases. La semana que viene hay otro paro. Los profesores nos dijeron que iba a ser un cuatrimestre complicado y que estaban viendo de darnos virtual”, cuenta.

Naiara Rosales cursa el CBC para Abogacía en la UBA y su amiga Luz Ávalos hace el ingreso para Odontología. Las dos son de Ezeiza y tienen 18 años. El viernes último llegaron para rendir exámenes de UBA XXI, pero no sabían qué iba a pasar. “En los grupos, en general, se avisa y te enterás, pero nunca se sabe. Yo estoy cursando una materia presencial. Mis profesores no se adhirieron, pero hay bastante desconcierto”, dice Naiara.

Tania Lysak, de 18 años, caminaba nerviosamente por la Plaza Houssay, con el cuaderno de apuntes en la mano, repasando los temas para el primer parcial de Pensamiento Científico. En una hora tenía que rendir una de las materias del CBC para ingresar en Derecho en la UBA. “Hasta última hora, en los grupos se decía que no lo iban a tomar porque se había anunciado un paro, pero al final la UBA no se adhirió. Vine igual y menos mal, porque al final están tomando. Un compañero que conocía a un profesor pudo preguntar y le dijeron que se tomaba. Pero el otro parcial nos lo pasaron para el 8 de mayo, por el paro. Está todo muy incierto”, asegura.

Manuela Ruiz Ghigliani tiene 23 años y cursa el tercer año de la licenciatura en Artes Audiovisuales en la Universidad Nacional de las Artes (UNA). “Si bien los días de paro pueden ser incómodos para la cursada, los reclamos me parecen dignos y lo suficientemente relevantes como para justificar la molestia. Del mes que llevo de cursada, tuve 16 días de clases que transcurrieron de manera normal —hay que tener en cuenta los tres feriados en el medio—; sin embargo, algunos profesores las dictaron de manera online o subieron los contenidos al campus. Además, las medidas de fuerza habían sido anunciadas previo al inicio de clases”, dice.

Tomás Reyes, de 19, estudia la carrera de Biología Molecular en la Facultad de Ciencias Exactas de la UNLP. “Mañana hay paro, pero vamos a tener clases virtuales. Hay docentes que adhieren y algunos que no. Los profesores tienen buena disposición: si hay paro, dejan material y más o menos se puede seguir a ritmo. Las cátedras que tienen más paros van a su propio ritmo. Hasta ahora, al menos una vez por semana estamos teniendo paro”, cuenta Tomás.

Además de alumno, Tomás practica atletismo y representa a la universidad en esa disciplina. “Cuando hay paro no docente, solemos tener dificultades para entrenar. A veces nos dejan pasar, pero otras sí cierran todo; no se puede. También los paros complican las documentaciones o trámites que hay que presentar para las competencias. Y hay otros temas. Para los que venimos del interior, la universidad cerrada es un problema. Suelo ir al comedor de la facultad, que es un beneficio de bienestar estudiantil, porque soy de Villa La Angostura. Y cuando hay paro, no hay comedor: te tenés que arreglar. También queda cerrada la biblioteca; se hace difícil”, grafica.

Lucas tiene 20 años y este cuatrimestre debería terminar el segundo año de la licenciatura en Turismo y Negocios en la Unsam. “En mi caso, siento que no afecta mucho la cursada: si algún profesor quiere dar clases, se puede. Además, los profes se anticipan; nunca nos dejan ahí clavados. En el paro de hoy (por el viernes último) tenía Contabilidad I. La profe dio la posibilidad de conectarse de manera virtual, pero no había faltas. Y la docente de portugués nos dejó ejercicios que no eran obligatorios. Nunca sentí que se viera atravesada la cursada por el paro. En cambio, siento que lo que nos está afectando es el tema del presupuesto. Si tenemos profesores que no llegan a fin de mes, que la están pasando mal, que no tienen ni para cargar la SUBE para venir a dar clases, también afecta”, apunta.

Luciano Stupenengo tiene 19 años y cursa el primer año de Abogacía en la UBA. “En lo que me tocó en la Facultad de Derecho, no tuve ningún paro. Si bien existe el reclamo docente, todos los profesores, antes de empezar la clase, explican la ley de financiamiento universitario y que el presupuesto no alcanza. Pero siempre tuve clases”, sostiene.

Nahuel Conte estudia la licenciatura en Ciencias Biológicas en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA. “Estoy haciendo una materia y, después, estoy haciendo investigación en la facultad. Está bastante difícil. La primera semana fue complicado y estaban viendo de darnos virtual”, cuenta. “Estoy a favor de la medida, porque la situación de los docentes titulares no da para más, y es aún peor para los ayudantes y jefes de trabajos prácticos. Pero lo cierto es que hay mucha incertidumbre: ahora se acercan los parciales y no sabemos qué va a pasar”, dice Conte.

En Córdoba

Valeria Fernández estudia el segundo año de Psicología en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC): “Este martes y miércoles [con relación a la semana pasada] hubo algunas clases virtuales; este jueves hubo asueto porque es el Día del Docente Universitario de la UNC y el viernes no hubo actividad. Desde que empezamos hubo tres días de paro en Semana Santa, con lo que arrancamos con las clases la semana pasada. La semana del 27 habrá otra medida de fuerza y ya adelantaron que puede seguir de manera progresiva”.

“No solo hay paros docentes, sino de no docentes, con lo que se cortan servicios como la apertura de aulas, habilitación de computadoras y entrega de material. Entonces, algunos profesores —que tienen que presentarse— prefieren dar clases virtuales como en plena pandemia. Cuando hay paro, los docentes deciden considerar el tema como visto, aunque solo se dé un pantallazo”, apunta Fernández.

Héctor Ferreyra es estudiante de tercer año de Derecho de la UNC. “Hemos perdido clases, los turnos de exámenes se tomaron. Hay que ver qué pasa con los de mayo, si es que el conflicto se extiende. ¿Molesta? Y sí. Pero también es entendible la protesta”, señala.

En la misma universidad, Christian Melo cursa segundo año de Ciencias Económicas. El panorama que encuentra es similar: “Hemos perdido muchas clases, al menos en las materias que curso; hasta el momento, las próximas fechas de examen están previstas. Hay carteles con los reclamos de los universitarios, que están más que justificados”.

En la zona del Litoral del país, el panorama es parecido. Sofía García es alumna de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Litoral (UNL). Ella dice que se plegó a las protestas. “La crisis que vive la universidad afecta no solo al mundo académico, sino a toda la sociedad, por lo que es necesario que haya apoyo de todos”. Esta estudiante de la carrera de Letras afirmó, además, que “este tipo de protestas, que no solo incluyen paros, son vitales para hacer ver el valor que tiene la universidad”.

“Naturalmente a uno le encantaría tener las clases completas todo el año, pero en los últimos años uno va normalizando el conflicto constante. Sabemos que es una medida fuerte, pero también sabemos que el profe, para que se pueda dedicar a dar clases y formarse, necesita un salario digno”, reflexiona Martín Saavedra, que cursa cuarto año del profesorado de Matemática e integra el Centro de Estudiantes de la Unidad Académica Río Gallegos, una de las cuatro sedes que la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA) tiene en Santa Cruz. Según datos de esa universidad, más de 4000 estudiantes nuevos se inscribieron este año, alcanzando los 10.000 en toda la provincia. Saavedra explica que, en materias comunes, se registran aulas desbordadas y con mínimos equipos de cátedra. “Estamos atravesando un momento donde hay una docencia que se está jubilando y, por otro lado, no se contratan nuevos profesores”, describe.

En la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), con sedes en Mendoza y San Juan, hubo quejas de padres de los estudiantes, que denunciaron que sus hijos eran “rehenes” del conflicto. “Tenemos atrasos y demoras, pero apoyamos el reclamo de docentes y directivos”, expresa Martín, que cursa Ciencias Políticas. “Es un garrón cuando no tenemos clases, pero la verdad es que hay que apoyar para que no desfinancien aún más las universidades públicas”, señala Andrea, alumna de la carrera de Comunicación Social. “Es un problema que nos atraviesa a todos y hay que defender; no podemos mirar para otro lado: también de esto depende nuestro futuro”, suma María, alumna del Colegio Universitario Central (CUC).

Informes de Lucila Marín, Gabriela Origlia, María José Lucesole, Germán de los Santos, Pablo Maninno y Mariela Arias.


Menciones: Universidades nacionales, Paro universitario, Ley de Financiamiento Universitario, UBA, CBC, UBA XXI, UNSAM, UNLP, UNA, UNC, UNL, UNCuyo, UNPA, CIN, Conadu, Ctera, Fatun, Casa Rosada, Plaza Houssay, Marcha Federal, Juegos Panamericanos, Lima, Corrientes, Avellaneda, Ezeiza, Villa La Angostura, Río Gallegos, Santa Cruz, Mendoza, San Juan, Gobierno, Juan Ignacio Fernández, Soledad V., Sofía R., Cecilia, Tomás Reyes, Morena Oliveira, María F., Florencia, Melina R., Naiara Rosales, Luz Ávalos, Tania


#56248484   Modificada: 19/04/2026 03:35 Superficie artículo: 1970.82 cm²
Cotización de la nota: $228.336.881
Audiencia: 95.000


       

       
  
www.ejes.com | Leandro N. Alem 1110 7º piso - Buenos Aires | TE. 5352-0550