03/03/2026 DiarioNorte.com (Chaco) - Nota

Espina bífida y cirugía fetal con células madre

Por primera vez en humanos, combinaron la cirugía fetal abierta estándar con la aplicación directa de células madre mesenquimales derivadas de placenta sobre la médula espinal expuesta de un feto con mielomeningocele, la forma más grave de espina bífida.
Los resultados iniciales de este ensayo clínico de fase 1, conocido como CuRe Trial, fueron publicados el mes pasado en The Lancet y marcan un hito en la cirugía pediátrica y la medicina regenerativa. Participaron seis embarazadas cuyos bebés fueron diagnosticados durante el segundo trimestre con mielomeningocele. El objetivo principal era evaluar la seguridad del procedimiento. El secundario, explorar señales tempranas de eficacia.
El estudio confirmó que la terapia celular intrauterina es factible y segura en esta fase inicial. Pero más allá de los datos clínicos, el anuncio reaviva una esperanza profunda: intervenir antes del nacimiento no solo para cerrar una herida anatómica, sino para intentar regenerar tejido nervioso y cambiar el pronóstico de por vida.
Qué es el mielomeningocele y por qué es tan devastador
La espina bífida es un defecto congénito del tubo neural que ocurre en las primeras semanas del embarazo. En su forma más severa —el mielomeningocele— la médula espinal queda expuesta a través de una abertura en la columna vertebral. Esa exposición prolongada al líquido amniótico y al trauma mecánico provoca un daño progresivo del tejido nervioso.
Las consecuencias pueden ser severas: parálisis parcial o total de las piernas, pérdida de sensibilidad, alteraciones del control de vejiga e intestinos y, con frecuencia, hidrocefalia. Desde hace más de una década, la cirugía fetal abierta —realizada entre las semanas 19 y 26 de gestación— ha demostrado mejorar resultados en comparación con la reparación postnatal. Reduce la necesidad de derivaciones ventriculares y mejora la probabilidad de caminar de forma independiente. Sin embargo, no regenera el tejido nervioso ya dañado.
Allí es donde entra la nueva estrategia.
Cirugía fetal más parche biológico
El protocolo aplicado en UC Davis Health siguió los pasos clásicos de la cirugía fetal abierta. El equipo realizó una incisión en el abdomen y el útero materno para exponer parcialmente al feto. Luego identificaron el defecto espinal y prepararon la zona.
La innovación llegó en ese punto: antes del cierre quirúrgico tradicional, colocaron un parche biológico impregnado con células madre mesenquimales de placenta (PMSC, por sus siglas en inglés) directamente sobre la médula espinal expuesta.
Estas células no están destinadas a integrarse y reemplazar neuronas dañadas de forma directa. Su papel es más sutil y, a la vez, poderoso: secretan factores antiinflamatorios y neurotróficos —lo que se conoce como acción paracrina— capaces de proteger las neuronas remanentes, modular la inflamación, reducir la formación de cicatrices y favorecer la regeneración tisular.
Tras la colocación del parche, los cirujanos cerraron la piel fetal y posteriormente el útero y el abdomen materno. Las pacientes continuaron el embarazo bajo estricta vigilancia obstétrica.
Seguridad: primera gran prueba superada
Como todo ensayo de fase 1, el objetivo principal fue evaluar la seguridad. En ese aspecto, los resultados son alentadores.
No se registraron eventos adversos graves relacionados con las células madre ni en las madres ni en los recién nacidos. Tampoco se observaron infecciones, formación de tumores, fugas persistentes de líquido cefalorraquídeo ni problemas de cicatrización atribuibles al parche celular. No hubo señales de rechazo alogénico.
Las complicaciones registradas fueron las propias de la cirugía fetal abierta: mayor riesgo de parto prematuro por rotura prematura de membranas y debilitamiento uterino. Sin embargo, la incorporación de las células madre no incrementó esos riesgos.
El seguimiento se extendió hasta los 30 meses después del nacimiento, con evaluación de la función motora, el control vesical e intestinal y el desarrollo neurológico temprano. Los investigadores continuarán el monitoreo hasta los seis años de edad para descartar efectos tardíos.
¿Hay señales de eficacia?
Aunque el estudio no estaba diseñado para probar eficacia definitiva, los resultados preliminares sugieren una posible mejora respecto de la cirugía estándar.
Históricamente, más del 50% de los niños operados intraútero logran caminar de manera independiente. Sin embargo, muchos presentan algún grado de debilidad en miembros inferiores y alteraciones del control de esfínteres.
En el ensayo CuRe, los investigadores observaron indicios de mejor función motora de lo esperado en algunos casos y una evolución favorable en el desarrollo cognitivo inicial. También reportaron corrección de anomalías cerebrales asociadas en todos los participantes, aunque estos datos deberán confirmarse en estudios más amplios.
La gran diferencia conceptual es que, mientras la cirugía sola actúa cerrando el defecto y evitando daño adicional, el parche celular busca intervenir sobre el daño ya establecido.
Un contexto latinoamericano dinámico
El avance estadounidense se inscribe en una evolución global de la cirugía fetal. En América Latina, por ejemplo, el Hospital Universitario Austral, en Argentina, se convirtió desde 2022 en uno de los centros pioneros en cirugía fetal mínimamente invasiva mediante fetoscopia.
Esa técnica evita la apertura uterina extensa y ha mostrado resultados comparables en términos de reducción de hidrocefalia y mejora de la marcha, duplicando en algunos reportes las probabilidades de caminar respecto de la cirugía postnatal. Sin embargo, al igual que la cirugía abierta estándar, no incorpora aún estrategias regenerativas celulares.
La combinación de cirugía fetal con terapia celular abre así una nueva frontera que podría eventualmente integrarse tanto a abordajes abiertos como mínimamente invasivos.
Comparación clave: cerrar o regenerar
La diferencia entre ambas estrategias puede resumirse en cuatro puntos centrales:
• Cirugía estándar: cierre anatómico del defecto espinal.
• Cirugía + células madre: cierre más aplicación de PMSC para neuroprotección y regeneración.
• Cirugía estándar: reduce hidrocefalia en aproximadamente 70% de los casos y mejora la función motora respecto de la reparación postnatal.
• Terapia combinada: mantiene esos beneficios y podría mejorar la función neurológica, sin eventos adversos graves en fase 1.
• Cirugía estándar: no regenera tejido nervioso ya lesionado.
• Terapia combinada: evidencia preliminar en muestra pequeña; seguimiento a largo plazo pendiente.
• La cirugía sola mejora la marcha, pero no elimina la discapacidad.
• La terapia celular podría incrementar la tasa de movilidad independiente y optimizar el control de vejiga e intestinos.
Desafíos éticos y científicos
Intervenir quirúrgicamente a un feto siempre implica una delicada evaluación riesgo-beneficio. En este caso, se añade la dimensión de la terapia celular alogénica. Aunque las células derivadas de placenta tienen bajo potencial inmunogénico y no se detectaron tumores, la vigilancia a largo plazo será crucial.
Otro desafío es la escalabilidad. La producción de parches de PMSC requiere estándares rigurosos de calidad, trazabilidad y bioseguridad. Además, el procedimiento exige equipos altamente especializados en cirugía fetal, anestesia materno-fetal y neonatología.
Finalmente, será necesario realizar ensayos de fase 2 y 3 con mayor número de pacientes y grupos control para determinar si las mejoras funcionales observadas se sostienen estadísticamente y justifican la adopción amplia de la técnica.
Ventana crítica: entre las semanas 19 y 26
Uno de los aspectos más relevantes es el momento de la intervención. El período comprendido entre las semanas 19 y 26 de gestación representa una ventana biológica crucial. Actuar en ese intervalo permite cerrar el defecto antes de que el daño progresivo sobre la médula se vuelva irreversible.
La adición del parche celular busca potenciar ese efecto protector en un momento en que el sistema nervioso aún mantiene cierta plasticidad.
Hacia una nueva era de medicina regenerativa fetal
El ensayo CuRe no reemplaza la cirugía fetal estándar; la complementa. Pero conceptualmente supone un cambio profundo: ya no se trata solo de reparar una malformación estructural, sino de intervenir activamente sobre el tejido nervioso en desarrollo.
La medicina fetal ha avanzado de manera notable en las últimas dos décadas. Sin embargo, pocas innovaciones combinan con tanta claridad tres disciplinas —cirugía, terapia celular y neurociencia— en un único acto terapéutico intrauterino.
Si los resultados a largo plazo confirman las expectativas, esta estrategia podría extenderse a otros defectos congénitos del sistema nervioso e incluso a patologías adquiridas durante la gestación.
Para las familias que reciben un diagnóstico prenatal de mielomeningocele, la noticia no elimina la incertidumbre. Pero sí amplía el horizonte. Por primera vez, la posibilidad de no solo cerrar una herida antes de nacer, sino de ayudar a que el tejido nervioso se recupere, deja de ser una hipótesis experimental para convertirse en una realidad clínica en construcción.
El camino recién comienza. Pero en ese quirófano de California se dio un paso que podría redefinir el tratamiento de uno de los defectos congénitos más complejos y desafiantes de la medicina moderna.
Temas en esta nota
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