01/08/2025 Clarín - Nota - Información General - Pag. 31

Comprensión lectora en crisis: ¿y si el cambio comienza en la familia?
Alejandra Weibel

TRIBUNA
Comprensión lectora en crisis: ¿y si el cambio comienza en la familia?
Alejandra Weibel
Profesora de la Licenciatura en Orientación Familiar de la Universidad Austral.
¿Qué pierde una sociedad cuando sus niños dejan de maravillares con los cuentos? Esta pregunta adquiere urgencia al considerar la realidad argentina: solo el 45 % de los educandos alcanza los niveles esperados de comprensión lectora al finalizar el primer ciclo de la primaria. ¿Cómo revertir esta tendencia? Si bien la institución educativa cumple un rol fundamental, la familia no puede eludir su responsabilidad.
Es imprescindible reconocer a la familia como el primer ámbito educativo y a la lectura compartida como un acto fundante de humanidad. Los niños, sin certezas ni conceptos, se asombran. Observan, escuchan, preguntan. Y necesitan relatos que los introduzcan en el mundo desde lo simbólico, que los acompañen en la construcción del sentido.
En los entornos familiar y educativo, padres y docentes están llamados a facilitar ese encuentro con la realidad a través de la palabra. Estimular el hábito lector es una tarea que deben asumir con responsabilidad y amor. La literatura infantil cumple una función insustituible. Leer es crear cultura, cultivar la interioridad, reforzar vínculos y educar en virtudes. Es, en definitiva, acompañar la maravillosa aventura de crecer.
Comprender lo que se lee despierta la sensibilidad, fomenta la contemplación e invita a preguntar. En palabras de G.K. Chesterton: “Cuando muy niños, no necesitamos cuentos de hadas, sino simplemente cuentos. La vida es de por sí bastante interesante. A un niño de siete años puede emocionarle que Perico, al abrir la puerta, se encuentre con un dragón; pero a un niño de tres años le emociona ya bastante que Perico abra la puerta”. Esta afirmación revela que el cuento no añade fantasía a la vida, sino que permite descubrirla en su profundidad.
En el núcleo familiar, leer en voz alta, detenerse en una ilustración, comentar una escena: son acciones que construyen un espacio de encuentro entre padres e hijos. La lectura se convierte en una experiencia compartida que fortalece el vínculo afectivo y genera memoria emocional. Así, el hogar se transforma en una comunidad lectora.
En el transcurrir cotidiano o en los días de descanso, una pausa para leer crea una intimidad única, propicia para el encuentro y la escucha.
¿Cuál es, entonces, el rol de la familia? Educar desde el hogar para orientar a cada uno de sus miembros hacia su realización y felicidad. Se concreta en acciones sencillas: leer un cuento antes de dormir, visitar una biblioteca, compartir un libro durante las vacaciones. En estos gestos cotidianos, la familia encuentra sentido a lo que hace: es fuente formadora de personas capaces de pensar, sentir y elegir el bien.
Para que esta misión sea sostenible, es necesaria una sólida alianza con las instituciones educativas. Estas pueden y deben acompañar a las familias: proponiendo lecturas para continuar en casa, organizando talleres, generando entornos que valoren el libro como objeto cultural. La formación lectora no comienza ni concluye en el aula: se gesta en la intimidad del hogar y se fortalece en la comunidad.
En un escenario donde los índices de comprensión lectora son alarmantes, recuperar el sentido profundo de la lectura es prioritario. Leer en familia es una manera de habitar el tiempo, de transmitir sentido, de educar en belleza. Y tal vez, la gran pregunta que nos debemos hacer sea: ¿estamos dispuestos a abrir la puerta con nuestros hijos, aunque no haya dragones detrás, con la certeza de que toda vida merece ser contada, escuchada y amada?


Menciones: educación, familia, lectura, niños, libros, enseñanza


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