25/11/2021 Página 12 - Nota - Psicología - Pag. 36

Desilusión y decepción
Afectos del cuerpo
Florencia González

La desilusión es parte de nuestra vida afectiva desde el comienzo de los tiempos.
Winnicott arma una teoría acerca de la ilusión-desilusión y ubica allí que la madre, así como ilusiona al niño con el objeto, deberá también desilusionarlo de forma gradual.
¿Por qué es necesario desilusionarse? La desilusión no es lo mismo que la decepción.
La desilusión es del campo de la fantasía, en cambio en la decepción hay una certeza en juego, algo que es verdad y se rompe.
Si el bebe, según Winnicott, se desilusiona es porque previamente pudo crear esa ilusión psíquica de que el objeto externo era interno. Lacan lo dirá de este modo: “Se trata de que la madre enseñe progresivamente al niño a experimentar las frustraciones y, al mismo tiempo, a percibir, en forma de cierta tensión inaugural, la diferencia que hay entre la realidad y la ilusión. Esta diferencia sólo puede instalarse por la vía de una desilusión, cuando, de vez en cuando, la realidad no coincide con la alucinación surgida del deseo”. (Lacan, 2011, p. 36).
Tal como dice Moliner (2007) desilusión y decepción no son lo mismo. El que tiene una ilusión sabe, aunque sea un saber no sabido, que es posible que esa ilusión no se concrete, que sea poco probable, no se juega allí el factor sorpresa. En cambio, la decepción es una verdad que queda desmontada, se rompe, era algo y de repente no lo es, era certeza y no había posibilidad alguna de que no lo fuera, por eso toma el carácter de una sorpresa. Entonces cuando se trata de una creencia que no se basa en la realidad objetiva sino en lo fantaseado por la realidad psíquica, hablaremos de ilusión. Dirá Freud que la desilusión estará basada en la destrucción de una ilusión y que son necesarias para la vida anímica: “Las ilusiones se nos recomiendan porque ahorran sentimientos de displacer y, en lugar de estos, nos permiten gozar de satisfacciones. Entonces, tenemos que aceptar sin queja que alguna vez choquen con un fragmento de la realidad y se hagan pedazos”. (Freud, 2008, p. 282).
Al nombrar las ilusiones Freud dice también que estas nos permiten gozar de satisfacciones.
¿De qué gozamos cuando nos ilusionamos? En el mundo de las ilusiones tenemos todo el campo de la fantasía, el tema es que la fantasía no es un campo universal, hay que particularizarla para cada quien pero no deja de ser realidad psíquica (no realidad objetiva).
El aparato psíquico se va alimentando de ilusiones para sostener a Otro completo, un “mundo ideal”, un mundo donde como por arte de magia entre dos personas se van a entender, a comunicar y el amor funcionaría a la perfección. Come y come de ese alimento que le damos, y luego cuando llega el momento de la desilusión, se queda sin morfi.
Todo parece desvanecimiento, se potencia la contracara de la fantasía de completud: la incompletud total. Nos deja en un estado de impotencia pues nos ha quitado la comida y hasta el hambre.
Ubiquemos algo más, la ilusión si bien es parte de nuestra realidad psíquica, no puede ponerse al servicio de nuestra vida anímica por entero, porque de esa manera no habrá qué la detenga. Es parte de una posición infantil para la vida adulta vivir de ilusiones, alimentarse en el mundo ideal y creer que desde allí (desde mi estado fantaseado) puedo vivir en un “mundo feliz”, en “una pareja ideal”, “una familia divina”, etc. La neurosis se encargará siempre de hacernos estrolar con que estas premisas chocan de lleno con lo que podemos y no podemos poner en acto.
Solo el sujeto interpelado por esto, advertido de su posición, podrá encontrar algún sendero que contenga algunas lucecitas para caminar tras sus deseos, no ilusorios, sino también aquellos que contienen algo de lo real.
* Psicoanalista. Docente UBA. Investigadora UBACyT.


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