23/02/2021 Clarín - Nota - Opinión - Pag. 23

DEBATE
La reforma sanitaria, entre la retórica y la realidad
Ignacio Katz

La propuesta de reforma sanitaria que lanzaron voces del gobierno hace menos de dos meses parece ya haber caído en el olvido. Lo cierto es que se han hecho oír más quienes la rechazan que quienes la promueven, mezclando ataques al gobierno con preceptos anti-estatistas un tanto demodé. Resulta indispensable que se retome la iniciativa, pero abordada de manera consistente e inteligente, con prudencia y audacia, para brindar respuesta a la indudable necesidad sanitaria.
El planteo antinómico de lo público versus lo privado resulta falso e improcedente. De lo que se trata, por el contrario, es de lograr una integración eficiente entre ambas dimensiones ineludibles en toda sociedad moderna. Como señalaba Karl Popper, el mercado libre solo existe en el marco de un orden jurídico creado y garantizado por el Estado.
Se requiere, pues, una restitución del rol del Estado para evitar la expropiación de vidas que denota la indefensión sanitaria que vivimos desde hace años, que no debería significar una usurpación gubernamental, y evitar los polos extremos de la monopolización estatal, por un lado, y de la cartelización corporativa, por el otro (basta advertir el descomunal incremento en el precio de los medicamentos).
Asimismo, se cae en “la grieta” política, cuando el problema de fondo es el abismo que fragmenta nuestra sociedad desde hace décadas.
La división tripartita del área sanitaria, de hecho, a su modo refleja la división en tercios socioeconómicos del país: un sector de ingresos medios y altos, otro con cierta estabilidad de un empleo formal, y otro con trabajos precarios hasta la miseria.
Suponer que los problemas de unos pueden aislarse de la realidad de los otros, no resulta ya sólo ingenuo, sino cínico. No es limitándose a la refundación de hospitales y creación de salas de atención primaria, que se alcanzará una mejora global de salud de la población. Es necesario una reconceptualización de abordaje comprehensivo sobre dos pilares que componen la ecuación sanitaria: salud pública y gobernanza sanitaria; y con políticas públicas estratégicas que aborden desde el corto hasta el largo plazo.
Tal como enseñan otros intentos de reforma como el finalmente truncado de la administración Obama, la partida no se define en el ábaco político sino con el sentido común.
Una ley se modifica fácilmente tras un nuevo equilibrio político.
El objetivo de mejorar el acceso a la atención de salud de la población en su conjunto se logra concientizando una fuerza social que lo apoye y lo promueva, que no se limite a los acuerdos políticos, ni a los médicos, que evidentemente deben incluirlo. Se necesita el acompañamiento ciudadano y el sentir popular de una nueva conquista democrática.
Para ello hay que buscar el sendero entre la razón y la racionalidad, con una estrategia pluralista que procure articular e integrar los diversos intereses particulares de manera adecuada al interés general, sin intervenciones estatales abusivas o guiadas por motivaciones políticas.
Se podrían realizar encuentros de la ciudadanía donde escuchar temores honestos, reconocer fallas, lograr apoyos. Hay que transparentar la ineficiencia, irracionalidad e inequidad, no sólo con números y estadísticas, sino con historias de carne y hueso, de esfuerzo y dolor.
En momentos en que la salud se ha vuelto el núcleovital de nuestro tiempo, medir la necesidad que la pandemia develó obliga a tomar conciencia y acciones responsables en correspondencia a la dolorosa situación que nos atraviesa.

UBA


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